ALDEMARO ROMERO PRESENTA SU MÚSICA

Por: Alicia Freilich (TAL CUAL/ Arte y Espectáculos 12/09/2007)
Producido por Pacanins&Obesso
El creador de la Onda Nueva editó una antología de su obra en un disco doble Aldemaro Romero y su música se llama un reciente disco compacto doble del creador de la Onda Nueva. El título es un acierto porque en esta producción, el creador, el hombre y la obra se dimensionan a escala idéntica, desde un tejido que impide separar el producto de su artesano.
Cada uno de sus ciclos vitales se corresponde con los del país y quizá reside allí uno de los secretos básicos de su vigencia renovada por cuatro generaciones de intérpretes y oyentes.
Por eso, la antología que reúna su música popular y académica daría cuenta de un ser dual o quizá múltiple, igualmente intenso en versátil calidad y pasión cuando compone los más variados géneros populares resumidos en el citado disco, producido por Pacanins& Obesso (2007) que cuando diseña sus piezas, que por costumbre longeva llamaron música clásica. Creador, ciudadano y persona se fusionan de modo indisoluble.
De origen humilde, nace en el cerro El Zamuro, lugar sin agua ni luz de Valencia, Carabobo, 1928. percibe y crea sin pose la cultura musical del pueblo, con sabiduría y respeto auténticos que le vienen de esa vivencia directa, más la disciplina primaria que recibe por vía de su estricto padre, Rafael Romero, maestro global por compositor, instrumentista y docente.
Su experiencia juvenil en provincianas fiestas y estaciones de radio lo empuja hacia Caracas, de donde –luego de amenizar en hoteles, clubes nocturnos y estudios de radio– a los veintitrés años sale hacia New York, convocado por Alfredo Sadel para que lo acompañe como pianista en sus grabaciones para RCA. Aprovecha entonces para pulir sus arreglos caraqueños de música venezolana tradicional, que luego de muchos avatares condensa en un long play esencial, Dinner in Caracas, 1953, vendido por millares.
Así inauguró el proceso que universalizó los estándares criollos en arpa, cuatro y maracas, interpretados ahora por orquestas de salón y suenan a sinfónica por primera vez. “Alma Llanera”, “Besos en mis sueños”, “Conticinio”, “Endrina”, “Dama Antañona”, entre otras que figuran en el repertorio. Estilo audaz y actualizado que advirtió y remedó los aires de liberación ya presentes en la sociedad venezolana durante ese primer gran auge petrolero que desató poco después el fin de la dictadura pérezjimenista.
Esta inicial fase de arreglista renovador da paso -veinte años después- a la de inventor de melodías y letras con su modalidad rítmica de la Onda Nueva y otra vez, proyecta internacionalmente la musicalidad del país con un esplendor que se corresponde a los veinte años de la Venezuela saudita, ese dar y recibir los ecos de un cosmopolitismo deslumbrante y sin medida. Es el momento cuando pone en evidencia sus dotes de empresario, showmany comunicador al producir –desde su Onda Nueva– eventos artísticos de alcance mundial. “De repente”, “Carretera”, “Poco a poco”, “Tonta, gafa y boba”, “El Catire”, por su calidad intrínseca atrapan y estimulan sin cesar por tres décadas, en recreaciones de todas las modas locales y foráneas, hasta hoy.
La indisoluble pareja hombre-país va repleta de incidentes y controversias en su vida personal y profesional, reflejados a cabalidad en los textos de sus creaciones para el canto popular y son todo un álbum emocional con más de doscientas muestras del sentir íntimo y público. Para ejemplo inmediato bastaría con recordar alternadamente baladas y crónicas: “Esa niña era yo”, “Doña Mentira”, “Cabaretero”, “Esta casa”, “La misma barca”, “Quién”, “El musiquito”, “Declaración de principios”, “Polo a polo”...
Piezas reveladoras de su don expresivo bien ajustado por igual para la denuncia y el confesar lírico.
Cronista melódico de la capital en “De Conde a Principal”, “Catuche” y “Caracas Cuatricentenaria”, también es humorista conocedor del retrato femenino en “Lo que pasa contigo”, “Así eres tú”, “Amor en pedacitos”, “Una mujer como usté” y “Quién la manda a enamorarse”. Para concluir en descarnado analista de su yo sexymental, perpetuo enamorado de la mujer y del amor en “Como lo haces tú”, “Ahora que hay amor de nuevo”, “Quinta Anauco”, “Tema de amor” y “Oye viejo loco” y otras tantas.
Capítulo aparte y parejamente calificado, es su catálogo en la composición y dirección orquestal académicas que obtiene la fusión equilibrada y soberbia entre los moldes de la historia clasicista y la folclórica. La manera como tituló algunas de estas obras, de por sí muestra esa intención y el objetivo de borrar fronteras ilógicas. “Fuga con Pajarillo”, “Preludio y Quirpa”, “Overtura gitana”, “Concierto criollo para arpa y orquesta”, “Gaita Coquito”, “Suite Avileña”, fueron concebidas en fondo y forma para enorme variedad de instrumentos solistas, grupos orquestales y corales sin fin.
La segunda mitad del siglo veinte musical venezolano tiene en Aldemaro Romero su eje básico de referencia.
Cuanto más logradas prosiguen su obra genuina y polémica personalidad, se afinca el criterio que lo calibra como el músico integral más importante de la Venezuela moderna y contemporánea.












